Tomé mi vieja taza despostillada y le serví un poco de té, recordándote le dí un par de sorbos, extraño la sensación de vacío en el estómago que suele causar el pensar en ti, extraño cuando ensayaba charlas contigo sentado en la mesa porque no encontraba otra manera de saciar la urgencia psicológica de hablar contigo. Mi gato ya no cree llamarse Teresa.
Terminada la taza, cerré la caja que contenía las entradas viejas para el cine, tus ligas de cabello, la servilleta de los helados, en fin todo lo que fui acumulando en mis bolsillos despues de estar contigo todo este tiempo, cómo dije, la caja se ha cerrado y de ahora en adelante lo que traiga en los bolsillos será abatido por la entropía del tiempo en mi cuarto.
Quiero que sepas, que asi cómo la caja también este viejo diario solitario también se ha negado a recibir mas remembranzas tuyas.
adios.